La experiencia de sentirse solo.
Sentirse solo es el sentimiento incomodo que
experimentamos ante la ausencia de compañía o de pertenencia a un determinado
grupo. Todos hemos experimentado la soledad en algún momento de
nuestra vida, es más, en algunas ocasiones hasta la hemos
buscado, el “estar solos” se convierte en una necesidad para
aquellos que se sienten agotados en medio de un mundo lleno de ruido y
carreras.
Pero más que la experiencia de retirarnos del mundo por un rato, como quien apaga el televisor, la computadora o el celular para descansar un poco su mente, o la sensación que experimentamos cuando alguien se va, iniciamos un nuevo empleo o nos mudamos de ciudad, queremos hablar de un tipo de soledad más profunda, más silenciosa, que se puede experimentar incluso cuando se está rodeados de personas, familiares y amigos.
Nos referimos a la soledad existencial, esa sensación de vacío interior, de no tener nada, de estar extraordinariamente inseguros, no precisamente falta de esperanza, sino una sensación de vacío y frustración. Todos los seres humanos hemos pasado en alguna ocasión por esta experiencia que nada tiene que ver con la existencia o no de contactos externos (o con otras personas), sino con la falta de conexión con nosotros mismos, provocándonos tensión y sufrimiento. Es frecuente escuchar en labios de algunas personas: “me da miedo estar solo”. Este miedo surge del temor de encontrarnos con nosotros mismos.
Ante esta situación, la respuesta que damos generalmente es la evasión, donde buscamos, la mayoría de las veces, cosas que nos llenen como el dinero, los bienes materiales, la fama o el poder. No obstante, este vació que experimentamos no desaparece y al final lo que puede quedar en nosotros es un profundo sentimiento de frustración y, en algunos casos, hasta la pérdida del deseo de vivir, perdida de sentido.
La sociedad actual está fundamentada en
aspectos como el materialismo, el egoísmo, el individualismo, la búsqueda de
placer, de poder y tener; lo cual acrecienta esta experiencia de soledad en las
personas, aislándonos de los demás y llevándonos a ver al otro como un
enemigo. No queremos la soledad, deseamos huir de ella y evadirla
sobre toda costa, pero paradójicamente, el camino que elegimos para hacerlo es
buscando estar solos, alejarnos de los demás, “llenarnos de cosas” y continuar
evadiendo esta experiencia de soledad, enmascarándola. En otras palabras, no sabemos como convivir con ella.



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