Vivir la soledad con sentido

                       Abordaje de la soledad desde la Logoterapia


 




En una sociedad donde las ciudades son cada vez más pobladas, la experiencia de aislamiento entre las personas es cada vez mayor, parece que, en un ritmo de vida convulso y acelerado, cada uno tiene sus propias preocupaciones, generándose un individualismo exacerbado. 


Esta realidad puede llevar a las personas a incurrir en conductas enfermizas que incentivan un distanciamiento, revestido algunas veces de un supuesto respeto humano (nos aislamos de los otros, porque “nos da miedo molestarlos o incomodarlos”).  Ante esta realidad, nuestra vida se va desarrollando conectados únicamente a los objetos, a la computadora, las redes sociales o el televisor, desconectándonos de los demás.


Nos encontramos con personas que poseen todas las comodidades materiales, pero que carecen de relaciones afectivas que den sentido a su vida.  Personas que pasan tanto tiempo solas (y no de una manera saludable o positiva) porque se han negado a si mismas la posibilidad de cultivar relaciones valiosas y significativas.


También existen personas que, por razones externas a si mismas, han tenido que asumir un estilo de vida limitado en relaciones interpersonales (viudez, abandono, migración, trabajo y otros) y que esta realidad los ha llevado a experimentar la soledad como parte de su vida, pero han sabido integrarla y, aunque algunas veces es dolorosa, encontrarle sentido.




De acuerdo con la Logoterapia (conocida como la tercera escuela vienesa de psicoterapia que se centra en el significado de la existencia humana, así como en la búsqueda de dicho sentido por parte del hombre), la primera fuerza motivante del hombre es la lucha por encontrar un sentido a su propia vida, a lo que Víctor Frankl, fundador de esta escuela, denomina “voluntad de sentido”.

El sentido de la vida, como lo ve la logoterapia, es todo aquello que da un significado concreto, en un momento dado, a la existencia de cada persona. Este sentido es único y específico, por lo que implica una tarea individual y responsable, encontrar aquello que confiere un significado a la vida, acorde a las circunstancias personales y en función a los objetivos en la vida y sus posibilidades.


De esta manera, cada persona puede dar un significado que satisfaga su propia voluntad de sentido. Dicha búsqueda de sentido se convierte en una fuente de motivación para seguir viviendo y para asumir las propias obligaciones, inclusive para sobrellevar situaciones difíciles y adversas (como la soledad existencial).   Este elemento propio y particular, se comprende al constatar que algunos aspectos, como el contexto cultural, las experiencias pasadas, el nivel de conocimientos y los sistemas de creencias, influyen en el desarrollo de sentido. Es decir, a cada persona se le pregunta por la vida y únicamente puede responder a la vida respondiendo por su propia vida; sólo siendo responsable puede contestar a la vida. De esta manera, la Logoterapia considera que la esencia íntima de la existencia humana está en su capacidad de ser responsable.


En este camino hacia el sentido nos encontraremos con dos clases de personas: aquellas que dicen sí a la vida a pesar de los reveses, que se sienten usualmente satisfechas y felices; y las que siempre dicen no, por lo general están enajenadas, frustradas y vacías. Esta disposición es el resultado de las experiencias de la niñez y posteriormente, durante el transcurso de su vida, de modelos de comportamiento y enseñanzas. Sin embargo, es posible cambiar de actitud. 

Víctor Frankl afirma que la clave para adoptar una visión positiva de la vida, es el convencimiento de que ésta tiene sentido en cualquier circunstancia, y que todos tenemos la capacidad de encontrarlo. Uno puede sobreponerse a las enfermedades y golpes del destino, si le encuentra sentido a su existencia.

Desde el enfoque de la logoterapia, es importante desarrollar el sentido a la soledad, hacerse responsable de “como quiero vivir” esta situación y encontrarle un sentido a mi experiencia de soledad, ya sea a través de una tarea, trabajo o ocupación, mediante el amor o el afecto por alguien o por un ideal e inclusive a través del sufrimiento ante esta situación que no puedo cambiar, pero que si puedo afrontar, lo cual constituye un reto para la persona. Cada uno decide a dónde ir y qué actitud tomar frente a la vida.

 



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